Hola hermanos en esta querida FaMVD
en el otro lado del mundo. Es con mucha alegría que comparto con vosotros la
llamada que Dios me hizo .Conocí la comunidad cuando tenia solo 17 años pero a pesar de nuevo, tuve una experiencia fuerte de Encuentro con Dios Padre. Algún tiempo después hice un fin de semana de ejercicios y ahí sentí con fuerza el llamamiento a seguir a Jesús de muy cerca y a ser misionero. Me acuerdo que estaba muy enamorado de Jesús y que tenía una conciencia muy permanente de que El estaba en mi corazón y eso, de verdad, nos quita nuestros miedos y limites y nos impulsa mas allá…
Compartí estos sentimientos y la llamada que sentía a ser
misionero, pero el misionero que me acompañaba decía que mi primer repto era
ser misionero en mi familia y en la universidad, a demás era muy joven y
estaba empezando una carrera en la universidad…
Fui estudiar en la universidad y a pesar de la distancia,
casi 600 kms, fui manteniendo el contacto con el Verbum Dei. Ahí, no había
ninguno grupo de jóvenes cristianos, lo que me ha dejado muy triste…
Pero sentía fuerte esa “vena” misionera que me impulsaba a construir un
ambiente donde pudiera cuidar y crecer en la experiencia de Jesús. Empecé a
compartir con mis compañeros de estudios que también tenían ganas de hacer algo
y decidimos organizar una convivencia con la ayuda de los misioneros. Y después
de esta convivencia fuimos creciendo y haciendo un camino en la oración.
Mientras estudiaba participaba en la diócesis en la Pastoral Juvenil y
Vocacional. Eso me hizo conocer otras comunidades y valorar más nuestro
carisma. De verdad que en estos años de estudios pude tener una experiencia muy
rica y fecunda de misión…
Después de terminar mi carrera de profesor de matemáticas,
y a pesar de la buena experiencia de trabajo en el ultimo año de carrera, como
continuaba con una fuerte inquietud misionera, decidí hacer una experiencia de
un año y fui a vivir con los misioneros en Oporto. Fue una buena experiencia,
muy rica en oración y en vivencia comunitaria… pero en la hora de dejar todo e
iniciar el curso de formación no fue fácil. Alejarme de todo y de todos, volver
a estudiar mas 6 años (curso de formación y teología), lanzarme en la misión en
un país desconocido… Estas eran algunas de las dificultades que sentía que me
destrozaban por dentro…porque en el hundo mi vida me había probado que yo ya tenía lo que el mundo necesitaba: la
experiencia de un Dios que era Padre e para compartir eso no era necesario
mucha teología ni alejarme de mi país. Al demás se perdiera mi juventud
estudiando cuando me podaría hacer realmente participe en esta misión que El
Padre me había confiado? Y después ir tan lejos, si a mi alrededor el mundo
también está huérfano de Padre? Pasé algunos años pediendo a Dios la fuerza
para conseguir desprenderme de todo, pensaba que mi oración no era
suficientemente autentica y por alguno tiempo sentía que en mi vida no estaba
siendo fiel a la llamada que Dios me hacia. Mientras hacia todo esto proceso de
discernimiento, tenía un fuerte ritmo de misión y tambien buenas experiencias
de trabajo…
El tiempo iba pasando y yo me sentía verdaderamente un
misionero en el mundo, en el medio de mis ambientes, en las personas da la
comunidad, en mi familia, mi realidad laboral… y de verdad que era una persona que
se iba realizando en mi forma de vida… pero en el hundo de mi corazón había el
sentimiento doloroso de infidelidad a Dios por no ser consagrado como misionero
de la Fraternidad… Por eso decidí hacer unos ejercicios más largos donde
pudiese hacer un discernimiento más sincero y con más disponibilidad interior
para “hacer lo que El me diga”, aunque me fuera difícil… Y con esto espirito de
abandono en las manos del Padre y confiando que lo que El me pidiese era lo
mejor para mi empecé estos ejercicios. En esta actitud de abandono en sus manos
y con el profundo deseo de ser fiel a su llamada pudo escuchar en mi corazón
que lo que El quería de mi no era una opción de vida más radical, si no que
viviera mi vida con más radicalidad. Sentí que lo que el quería de mi no era
que estirase mi vocación, si no que viviera mi consagración con plena
radicalidad, con plena intensión misionera pero desde el mundo… Desde ahí que
se tornó más claro que mi vocación era de Misionero Laico Consagrado en la
Familia Misionera Verbum Dei. Sentí en mi corazón que esto modo de vida no era
una respuesta limitada o menos generosa a la llamada de Dios a ser misionero en
la Fraternidad VD pero que era una llamada distinta y eso me ha dado mucha Paz.Hoy tengo 34 años, doy clases de matemáticas, vivo muy cerca de los
misioneros, estoy muy comprometido en la misión de la comunidad sobretodo con
los juveniles y puedo decir que soy una persona profundamente feliz… Este año
voy a renovar mis promesas de consagración por tercera vez… y a cada día, a
cada paso, a cada repto que Dios me regala en mi vida me hace crecer en la
certeza y en la transcendencia de esta vocación para a FaMVD y para el mundo…Bien hermanos, deseo que esto compartir vos pueda servir
para conocer mejor esta realidad nueva en la FaMVD. Un abrazo muy forte en
Cristo P.S. Me gustaría poder compartir más con quién
quiera conocer o saber más… mi email es rui_leal@hotmail.com