Mi nombre es Susan, soy parte de la escuela de iniciación
de apóstoles de la capilla de la UNI. Siempre he tenido a Dios presente en mi
vida, pero tal vez no de la manera
adecuada, hablaba con él pero no sentía que me escuchara, muchas veces llegaba
a pensar que no estaba conmigo. Hasta que un domingo nos fuimos de paseo con la
comunidad Verbum Dei, fue un día muy bonito, ya casi al final del día nos
habíamos reunidos todos en el comedor en la que cantamos, jugamos y oramos. Las
hermanitas nos regalaron unas tarjetitas, en las que venían escritas pequeñas
partes de la biblia, una pequeña parte que estaba escrita en la mía era: “JESÚS
LE DIJO: << TAMPOCO YO TE CONDENO. VETE Y EN ADELANTE NO PEQUES
MÁS>>”. Al leer estas pequeñas líneas me conmoví mucho, ya que durante
mucho tiempo pedía al Señor su perdón ,por ciertos errores que había cometido,
pero no hallaba respuesta y al leer esas líneas sentí que Dios me hablaba
directamente y me decía que me perdonaba por todo, que me estaba dando una nueva oportunidad para
hacer bien las cosas. Luego nos regalaron otra tarjetita más y en ella decía:
“SI ME PERMITES… ¿PUEDO DIRIGIR TU VIDA?”
Al leer eso me sentí muy feliz, Dios estaba entre nosotros ese día. Ese día escuché con mucha claridad a Dios, escuche su llamado, me invitó a amarlo, a que sea parte de mi vida diaria. Ese día entendí que él siempre está con nosotros, que siempre está acompañándonos aunque nosotros a veces digamos que no. Él tiene un amor infinito para darnos a todos nosotros. Desde entonces Dios está presente en mí día a día, cada día me muestra su gran amor y majestuosidad. Haber permitido que el Señor sea parte de mí vida me ha ayudado mucho, me ha ayudado a ser más paciente con mi familia y amigos, a no juzgar rápidamente a las personas sino a tratar de comprenderlas y aceptarlas como son, ya que Dios nos ama y nos acepta tal y como somos. Y también me ha ayudado en mis estudios como al exponer ante varias personas por ejemplo; cuando fuimos a invitar a otros jóvenes a sus aulas de clases por primera vez pude hablar fluidamente y no sentí ese nerviosismo que tengo al exponer, y todo gracias a Dios, porque hablar de Él es hablar de amor.
“SI ME PERMITES… ¿PUEDO DIRIGIR TU VIDA?”
Al leer eso me sentí muy feliz, Dios estaba entre nosotros ese día. Ese día escuché con mucha claridad a Dios, escuche su llamado, me invitó a amarlo, a que sea parte de mi vida diaria. Ese día entendí que él siempre está con nosotros, que siempre está acompañándonos aunque nosotros a veces digamos que no. Él tiene un amor infinito para darnos a todos nosotros. Desde entonces Dios está presente en mí día a día, cada día me muestra su gran amor y majestuosidad. Haber permitido que el Señor sea parte de mí vida me ha ayudado mucho, me ha ayudado a ser más paciente con mi familia y amigos, a no juzgar rápidamente a las personas sino a tratar de comprenderlas y aceptarlas como son, ya que Dios nos ama y nos acepta tal y como somos. Y también me ha ayudado en mis estudios como al exponer ante varias personas por ejemplo; cuando fuimos a invitar a otros jóvenes a sus aulas de clases por primera vez pude hablar fluidamente y no sentí ese nerviosismo que tengo al exponer, y todo gracias a Dios, porque hablar de Él es hablar de amor.
Al iniciar la escuela de iniciación de apósteles, me acordé
del lema de mi grupo de cuando fuimos de paseo, que era: “Con oración,
testimonio y predicación hacemos una gran misión.” En ese entonces no lo entendí,
pero ahora sí y sé que ese lema resume lo que es un apóstol. Pido a Dios a que ayude a ser constante en este nuevo camino que estoy me empezando, que no
permita que me aleje de Él y que mediante mí, pueda darlo a conocer a muchas
más personas y así puedan conocer su amor y bondad tan infinita que tiene Él.
“DOY GRACIAS AL QUE
ME DA LA FUERZA, A CRISTO JESÚS, NUESTRO SEÑOR, POR LA CONFIANZA QUE TUVO AL
HACER EN MÍ SU ENCARGADO.”
Timoteo 1:
12-17.

No hay comentarios:
Publicar un comentario